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Mis queridos alumnos de IL, ya asoman los primeros rayos solares y los primeros acordes musicales que el calor produce en el ambiente y, por vuestra mirada la inquietud que generan los últimos exámenes. En estas fechas siempre afluyen a mi mente los mismos pensamientos: vuestros rostros, vuestras voces, vuestros gestos no volverán a llenar las aulas de los colegios. Y esta realidad me cerca, me rebuja de melancolía, melancolía que identifico con el paso del tiempo, con ese tiempo que se escapa velozmente de las manos.

¿Recordáis?. He convivido con vosotros un sólo semestre, pero ¿cómo olvidar vuestra mirada asustadiza en unos, expectante en otros, aquellos primeros días del 2º semestre en el IL?  Cuando aún era un desconocido; ¿cómo no evocar tantos poemas vividos en las clases de Filosofía y en las de Religión, la visión de recitales, de documentales, de libros, de películas; las palabras agradables cuando se les pidió que me criticaran.

En el último examen, posó mi mirada en cada una/o de vosotros y me pregunté por vuestros futuros: ¿veréis cumplidos vuestros sueños?, ¿viviréis felices?, ¿lucharéis para conseguir una sociedad más justa?, ¿huiréis de la rutina?, ¿perseguiréis la utopía?… A mi memoria viene el poema de José-Agustín Goitisolo, aquel poema con cuya lectura comenzaba mis estudios de pedagogía.

 PERO TU APRENDIZAJE ESTÁ EN LA CALLE

Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres
fórmulas y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.

No aprendas sólo cosas
piensa en ellas
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía.

Vive en un mundo cóncavo y vacío
juzga cómo sería una selva quemada
detén el oleaje en las rompientes
tiñe de rojo el mar
sigue a una paralelas hasta que te devuelvan
al punto de partida
coloca el horizonte en vertical
haz aullar a un desierto
familiarízate con la locura.

Después sal a la calle y observa:
es la mejor escuela de tu vida.

José-Agustín Goitisolo

No olvidéis estos versos. Adiós, mis queridos alumnos del Instituto Linares, os deseo mucha suerte y mucha felicidad.

Prof. Luis Marcel Acuña Leal