Se tiende a pensar que los jóvenes son los únicos que deben ser responsables con su sexualidad. El argumento es que tienen que evitar los ‘embarazos no deseados’ y el contagio de enfermedades (incluido el VIH). Pero ese comportamiento incluye a hombres y mujeres de todas las edades.  

En lo que a sexualidad se refiere, las campañas de prevención parecen majaderas, cuando enfatizan el cuidado que deben tener los jóvenes para evitar los ‘embarazos no deseados’ o algún contagio.

Esa reiteración tiene su razón de ser. La fundamental es que los adolescentes se caracterizan por una actitud de bastante libertad para hablar con sus amigos o compañeros de los temas sexuales, pero no así con sus familiares o acudir al médico.

 Cada cual, hombres y mujeres, se presentan ante los demás como conocedores del tema, con experiencia y con plena capacidad para controlarse. La mayoría de ellos no asume su masturbación. En el caso de los varones, ellos cuentan a sus amigos que no tienen ‘necesidad’ de practicarla, porque tienen las mujeres que desean para satisfacerse, algo que en la mayoría de los casos es mentira.

Ellas, en cambio, expresan que son capaces de mantenerse sin deseo sexual, más allá de algún sueño con su artista favorito o un chico que les gusta.

 Ante problemas con sus genitales, tanto muchachas como muchachos evitan al máximo ir al médico. En la mayoría de los casos sienten vergüenza, porque el (o la) profesional podrá ‘descubrir’ que se masturban.

Ese es uno de los principales argumentos que los jóvenes ‘confiesan’ en encuestas privadas o sin nombre.

Al respecto, es importante expresar que -salvo que haya mucha violencia en esa práctica, normal entre adolescentes- la masturbación no provoca enfermedades. No se consideran dentro de la normalidad aquellos casos de práctica excesiva, que corresponde a un problema psicológico.

La etapa juvenil conlleva cambios físicos, sicológicos, des-adaptación con el medio ambiente, rebeldía, carencias afectivas, enamoramiento, confusiones sexuales, incógnita frente al futuro, aburrimiento, etcétera.

Todo ello provoca una escasa comunicación con sus parientes cercanos, lo que termina siempre en conflictos.

Frente al conflicto, el joven encuentra en la masturbación la única instancia en la que él es el ‘dueño’ de su placer, para lo cual no tiene que pedirle permiso a nadie. Entonces, a mayor grado de dificultades, más se ‘refugiará’ en la masturbación, como un escape o una manera de olvidarse de las dificultades que viven. Claro que, en la mayoría de los casos, eso le provoca -más adelante- un fuerte sentimiento de culpabilidad.  

Por todo lo anterior, una sexualidad juvenil responsable será aquella que considere las prevenciones para evitar el embarazo no deseado, los contagios, la masturbación excesiva y la competencia con sus amigos (en cuanto a número de relaciones).

A la vez, jamás se debe temer ir al médico ante alguna molestia en la zona genital.

Tanto muchachas como muchachos, deben tener presente que es en esta fase en la que definirán su vida futura en todos los planos, incluyendo el sexual, por lo que siempre es conveniente conversar del tema con los padres, profesores o hablar con honestidad con el médico.

Fuente: Periódico La Cuarta 18/06/2006.